#spanishriot

La palabra riot, significa motín, alboroto, amotinamiento, orgía.  Creo que la #spanishriot es una definición más clara de lo que estamos protagonizando, que la #spanishrevolution, que los periodistas hemos copiado de la egyptrevolution, buscando similitudes entre la Puerta del Sol y la Plaza Tahrir.

Cada país tiene sus costumbres y su historia y el nuestro,  más que de revoluciones, tiene una historia cargada de motines y amotinamientos.

Las revoluciones producen cambios sociales, económicos, culturales profundos.  Los motines sólo producen revueltas, alborotos y orgías temporales que son devoradas inmediatamente por quienes saben aprovecharse del movimiento.

En España nos ha ocurrido con mucha frecuencia.  Por ejemplo en el  #Esquilacheriot.  El pueblo descontento por la hambruna, la crisis y las medidas de ajuste del Gobierno de italianos importado por Carlos III, desde su corte de Nápoles y encabezado por un “neoliberal” reformador como Esquilache, se echa a la calle por un motivo aparentemente nimio, como el recorte obligado de capas y sombreros, decretado para velar por la seguridad nocturna de unos ciudadanos que podían toparse con un embozado en cualquier esquina, sufriendo un atraco, un robo, una agresión, o la propia muerte.

El Movimiento se extendió por los barrios y por muchos pueblos y ciudades de toda España.  Asambleas, reuniones, concentraciones, manifestaciones y altercados que incluyeron el destrozo de la casa de Esquilache.

El Rey intentó escapar a Aranjuez, pero eso sólo soliviantó aún más a los amotinados.  Al final el mejor alcalde de Madrid tuvo que ceder y expulsar a su hombre de confianza.  El episodio lo recogió Buero Vallejo en su obra teatral “Un soñador para un pueblo”.

El pueblo se dio por satisfecho.  El Rey nunca volvió a confiar en su pueblo.  Los italianos fueron laminados de la política nacional.  Los jesuitas fueron acusados de instigar los disturbios y expulsados de España.

Los grandes beneficiarios fueron los partidos que se repartían el poder en la Corte.  El de los funcionarios de carrera, los llamados golillas, y el de los aristócratas españoles, que recuperaron su fuerza en la corte y del que salieron los primeros militares espadones, que tantos sustos nos dieron después.  Los Aranda, Espartero, O’Donnell, Pavía y así hasta el último de ellos, el General Franco, si no tomamos en cuenta a Tejero y su intentona del 23-F.

Por eso tenemos la obligación de que el #spanishriot, se transforme en #spanishrevolution.  Por lo pronto sólo tenemos un mapa teñido de azul tras las elecciones del #22M.

Aún así, no somos los culpables de lo que ha ocurrido en las elecciones, pero sí de lo que pueda ocurrir en la política.  Nos faltan un puñado de objetivos claros que justifiquen la movilización.  La extensión del movimiento no es un fin en sí mismo.  Aprobar acciones no es suficiente.  Necesitamos esos objetivos consensuados YA.  Por ejemplo: Cambio de la ley electoral.   Dación de la vivienda en pago de la hipoteca.  Impuestos sobre transacciones financieras internacionales.  Ayudas para los parados y sus familias.  Acabar con los problemas de los becarios, el paro y la temporalidad de los jóvenes.  Una sanidad gratuita, universal y pública.  Pensiones dignas y aseguradas para los mayores.  Contra el desmantelamiento de las Cajas de Ahorros.

Cosas como estas.  Las necesitamos pronto.  Las necesitamos YA.

Mary Kelly

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