EL ESPERPENTO Y LOS TOROS

La España de charanga y pandereta. La España que pasea sus deformidades por el callejón del esperpento goza de excelente salud y gana cada día más adeptos para indignación de esos pocos y goce de muchos.

El debate sobre la fiesta de los toros en Cataluña es buen ejemplo del poder expansivo del esperpento como festejo y espectáculo nacional.

Partamos del hecho incuestionable de que la decisión que adopte el parlamento de Cataluña será legal, sea cual sea el sentido de la misma. Consideramos que es legítimo recoger firmas contra la fiesta nacional o a favor de ella.

Pero no me negaréis que hay demasiado de teatralización de la política en el curso de este debate. No me negaréis que el furor a favor o en contra se viste de demasiada parafernalia escenográfica.

Por ejemplo, convertir en cuestión nacionalista, la oposición a la fiesta nacional en una Cataluña plagada de charnegos e inmigrantes sueña a chirigota. Al igual que reivindicar la fiesta nacional anticatalanista por parte de una Esperanza Aguirre, cuya única afición conocida es el golf importado de allende los mares, es despropósito de similar magnitud.

Qué escandaliza de la fiesta de los toros. Los minutos terribles que pasa un animal en mitad de una plaza para terminar muriendo a manos de un tipo entrenado para doblegarlo y matarlo. Hasta ese momento el toro en cuestión ha vivido relativamente libre, sano y bien alimentado. Podríamos compartir lo horrible de esa muerte que escandaliza a muchos y apasiona a otros muchos.

Pero veamos el ejemplo de aquel otro toro que nace estabulado, vive estabulado, carece de libertad alguna, come piensos de diseño para engordar. Encajonado, es llevado a un matadero cuyos métodos criminales parecen estudiados en los mejores centros de investigación nazis, en salas tan asépticas como las duchas de los campos de concentración. La ejecución corre a cargo de tipos entrenados para matar y descuartizar. Luego es devorado por seres que nos damos a nosotros mismos el nombre de humanos.

Eso sí, los campos de ejecución no cuentan con circuitos de televisión que emitan en directo las faenas, ni las mismas se realizan en público.

En definitiva, tras el intenso debate político y social, sus señorías votarán y luego, sea cual sea el resultado de la votación, se irán a comer o cenar un chuletón, unas mollejas, un solomillo, unas chuletitas, un cochifrito o un buen asadito de cordero.

Ahora me decís si hay teatro o no en el asunto. El esperpento de la cuestión y si tengo razón o no, si salgo a la calle con un cartelón que diga: O VEGETARIANOS O NADA.

John Benjamín.

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